20.10.06

Camino al Monasterio Ganden

Desde la Lhasa, la capital del Tibet, decidimos ir hasta el monasterio budista tibetano de Ganden. Ubicado a unos 40 km de Lhasa, fue fundado en 1417 por Tsongkhapa, quien se retiro a ese hinospito lugar a meditar, teniendo como uno de sus primeros dos discipulos al primero de los «LAMAS », (segun el budismo Tibetano la reencarnacion numero 14 es el actual y exiliado DALAI LAMA). Durante la Revolucion Cultural sufrio danos irreparables y se obligo a los monjes a desmantelar los restos que quedaron en pie. Actualmente residen unos 400 monjes y esta en pleno proceso de reconstruccion. Sigue siendo un importante centro de peregrinaje y goza de una espectacular ubicacion a 4500m de altitud. El autobus parte a las 6 de la manana desde la plaza Barkhor, frente al templo Jokhang.Atravezamos las angostisima y oscuras callecitas que llevan hasta la plaza. Esas mismas callecitas que a esta hora de la madrugada estan totalmente desiertas, de dia son una feria en la que se reunen miles de personas y en la que se pueden encontrar desde sedas increibles, cabezas de jak con joyas incrustadas, puestos de venta de carnes e improviados consultorios odontologicos que de mirarlos te dan dolor. Durante el dia, es un espectaculo que hasta genera adiccion, desde que estamos en Lhasa no paso un dia en que no hayamos sentido la necesidad de recorrerla. Un inmenso laberinto de callecitas donde se ven tibetanos de las diferentes zonas y que puedes distinguir por sus atuendos, se congregant musulmanes, chinos, personas jugando cartas, mesas de pool en la calle, gente comiendo o cortandose el pelo, vendedores de mil cosas que te dicen al paso, luky…luky,, hallou!! para que te detengas a mirar, en fin, una experiencia increible y esfervecente. Llena de vida. Pero a esta hora de la noche, no habia absolutamente nadie. Confiezo que da cierto temor andar por ahi. Al llegar a la plaza nos subimos al pequeno autobus en el que viajan los peregrinos que dia a dia van hasta el monasterio a realizar sus ofrendas. Eramos los unicos extranjeros, ya que la mayoria de los turistas van al Monasterio en excursiones 4 x 4 que llegan sobre el mediodia.Compramos a una vendedora ambulante dos bananas y nos acomodamos como pudimos. En el autobus no cabia una persona mas. Por un camino de montana el pequeno vehiculo recorrio la hora de viaje que separa Lhasa del Monasterio y nos dejo en una especie de base donde estacionan.Desde alli… hay que subir caminando. Para alguien que vivio toda su vida a nivel del mar y que lo mas alto que solia estar es arriba de un molino, los 4500 metros de esta zona se ponen tremendamente dificiles. Caminar aqui es complejo, si bien llevabamos unos dias de adaptacion y dolores de cabeza en la ciudad. Asi fuimos perdiendo ventaja frente a los peregrinos que acostumbrados a andar por aqui nos iban poco a poco dejando atras. Un adolescente fue el primero que me miro de reojo y se alejo en la montana, le siguio un par de hombres de mediana edad, luego unos ninos, tres mujeres, tres mujeres ya mas bien ancianas, una madre con su hijo colgado de su espalda, todos nos iban sobrepasando en el estrecho sendero nevado por el que hay subir. Hallou…pisssst!!!, fue el colmo, un senor de unos 70 anos, con un baston, venia rapido y tambien nos dejo atras. En el camino te cruzas con jacks pastando y faisanes.El jack es el animal por excelencia aqui, para la subsistencia del tibetano, un animal preparado para resistir el frio, del que utilizan el cuero, el pelo, la carne y la leche. Hasta te de mantequilla de jack probamos aqui. Y fuerte… si , si,, fuerte como mantequilla de jack!! Finalmente llegamos. Recorrimos el monasterio, sus intrincados pasillos, escaleras, capillas, templos, dormitorios.Desde lo mas alto se puede ver el soberbio paisaje, rodeado por montanas y espacios infinitos, donde desde la escala humana uno pierde totalmente la nocion de dimension. Entonces puede uno llegar a comprender el porque, el primer monje que fundo este lugar, lo eligio para retirarse a meditar. Afortunadamente decidimos ir con los peregrinos, ya que no solo no se paga entrada sino que es una experiencia mucho mas real. Al mediodia llegan turistas en su mayoria europeos y el lugar pierde un poco su magia. Por suerte para esa instancia ya estabamos bajando. A esta altura, mi capacidad de meditacion solo me daba para pensar en todo lo que aun quedaba por bajar y comenzamos a descender. Tarea casi tan dificil como la de subir. Finalmente llegamos, tomamos el mini bus y con todos los peregrinos tibetanos que, como siempre sonrientes, regresamos a Lhasa.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

que increible todo lo que estan viviendo!! los extraño y amo!! lui

22.10.06  

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